Daniel Poot. In memoriam

─────── ·𖥸· ───────

Daniel Alejandro López Poot, o simplemente Daniel Poot como lo conocíamos sus amigos, nació un 5 de septiembre. De su padre heredó la vocación por la arquitectura. De su madre, el cuidado por los detalles y el interés por las pequeñas cosas que hacen grande la vida.

Daniel fue un hombre de muchos calificativos, y sin embargo, ninguno alcanza a definir su grandeza. Fue un arquitecto dedicado, un hijo amoroso, un amigo leal, un dibujante talentosísimo, un apasionado del béisbol mexicano, un curioso de la música, un conversador brillante y, recientemente, también escritor.

Conocí a Daniel cuando teníamos 14 años. Siempre me sorprendió su letra, impecable y clara, como si su caligrafía misma fuese un reflejo de su manera de estar en el mundo: con precisión y personalidad. Desde la adolescencia nos hicimos amigos. Él me llevó a mi primer partido de béisbol, un recuerdo que muchos años después pude compartirle cuando fuimos juntos a ver a los Diablos Rojos en el Foro Sol.

Decidido, inquieto y con la mirada siempre proyectada hacia el futuro, Daniel estudió arquitectura, donde obtuvo el diploma de aprovechamiento como uno de los tres promedios más altos de su generación. Gracias a nuestras charlas, logré asomarme al universo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, con sus talleres y maestros: Cetto, Reyna, Villagrán, Lazo, entre otros. Mis días como estudiante en la UNAM no se entienden sin Daniel. Juntos recorrimos rincones de CU y alrededores: los mejores y más baratos lugares para comer, los atajos hacia Perisur o Plaza Loreto, así como largas charlas después de clases.

Aún sin haber concluido la licenciatura, Daniel ya estaba inmerso en proyectos de gran calado. Recuerdo cuando me contó que colaboraba en la construcción de la Línea 12, en la estación Hospital 20 de Noviembre. Cada vez que hablaba de ello, al explicar los procesos y el funcionamiento del proyecto, sus ojos se iluminaban como dejando ver esa chispa de creatividad que le caracterizaba. Daniel amaba trabajar: siempre trabajando, siempre creando, siempre avanzando, como si su vida fuera un dibujo en constante trazo, nunca detenido.

Torre de Humanidades de la UNAM, Daniel Poot, 2020.

Como profesionistas, solíamos darnos un tiempo para compartir. A él le gustaba que nos encontráramos en restaurantes de asado, y juntos recorrimos varios, tantos que ya perdí la cuenta. Pero sí recuerdo el último, ubicado en Amores 1444, un 17 de agosto de 2023.

En mis últimas vacaciones en el país, le llamé, y estaba ocupado y emocionado. El 8 de julio de 2025 hablamos nueve minutos. Minutos que hoy agradezco a la vida que me haya dado la oportunidad de compartirlos con él. Me contó de sus viajes y del gran proyecto que lo ilusionaba: su libro. El 4 de septiembre presentó “Cimienta tu Conocimiento” en la Casa de las Humanidades de la UNAM: un libro para enseñar sobre cimentaciones, estructuras y materiales, con croquis tan claros como su manera de explicar. Al día siguiente Daniel celebró su cumpleaños.

Pareciera que la vida, en medio de su misterio, quiso concederle ese instante eterno: verlo convertido en autor, impreso en páginas que acompañarán a generaciones de estudiantes y amantes de la arquitectura, mucho más allá de nuestro tiempo.

El 9 de septiembre, mi primo Sebastián, su compañero de secundaria, me dio la noticia. No me cerraba. Una fecha tan cercana a su cumpleaños y tan solo dos días antes me había mandado unas fotos de la presentación de su libro. Hice lo que muchos harían: confirmar en redes sociales. Y sí. Daniel había partido. La tristeza se me puso en frente y yo me rendí ante ella.

Puse a sonar canciones de Scorpions, su grupo favorito. Le escribí un mensaje a su madre; cada palabra me pesaba como plomo, porque no puedo imaginar el dolor que ella atraviesa. Quienes conocimos a Daniel sabemos que para él su madre era todo, y que para ella él fue el más grande orgullo.

Al día siguiente, le marqué a Carlos Adrián, querido amigo que tenemos en común, para entender, así fuera un poco, lo que sea que hubiese pasado. En su departamento en las inmediaciones de Tasqueña, el corazón de Daniel se había parado, tan solo unas horas después de compartir en redes sociales fotos de la presentación de su libro.

Cimienta tu Conocimiento, presentado en la Casa de Humanidades de la UNAM, Coyoacán. 2025.

La muerte de Daniel me conmovió y me duele. He visto como la muerte se lleva a conocidos de mi edad y más jóvenes, pero esta vez me alcanzó de otra manera, como un golpe seco que me dejó sin aliento. Me hace sentir la fragilidad de la vida y me hizo sentirme vulnerable. Pensamos que la muerte es lejana, para quienes ya han vivido, que viene después de hacer un patrimonio, una familia, y desgastar la juventud, pero no. La vida de Daniel era aún muy corta. Vivir es apenas un instante, un soplo que se enciende y se apaga.

Me hubiera gustado pasar aún más tiempo con Daniel, pero los momentos que compartimos son ahora un tesoro guardado en mi memoria. Entre mis objetos más queridos conservo un dibujo suyo del templo de Santo Domingo de Guzmán, acompañado de una dedicatoria escrita con su caligrafía impecable, esa que era casi un arte en sí misma. Hoy, más que nunca, lo atesoro.

Mi querido Poot, gracias por tanto y gracias por ser tanto. Esta mañana, antes de escribir estas palabras, le di play a Rock You Like a Hurricane de Scorpions. Una canción que te encantaba, pero también me recuerda tu manera de ver la vida y de vivirla: con fuerza, con pasión, con entrega.

Sé que cada vez que vea un dibujante con su cuaderno, un partido de béisbol o pruebe un buen asado, ahí estarás. En la memoria, en los afectos, en los detalles, sigues presente.

Buen viaje, amigo. Hasta siempre.

──── ୨୧ ────

Mauricio Figueroa es un abogado y académico mexicano, que encontró en su amistad con Daniel Poot la profundidad de una mirada que enseñaba a ver el mundo con otros ojos.

Septiembre 2025

Visit my ORCID profile here and my SSRN papers here.